Imagínate yacer toda la eternidad al lado de una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo… suena bien aunque estés muerto. Pero hay letra pequeña: no en un sarcófago, sino en un desagüe. Que tus restos acaben en una letrina suena más a accidente, deshonra u ocultamiento que a otra cosa. Y si ya hablamos de bebés, más todavía.
Pues no: un equipo del Instituto Arqueológico Austríaco, integrado en la Academia Austríaca de Ciencias (ÖAW), ha vuelto a examinar una tumba infantil hallada en 2010 con los restos de dos bebés, posiblemente gemelos, encontrados cerca del Templo sagrado de Artemisa en Éfeso, y resulta que nada es lo que parece.
El hallazgo. El espectacular Templo de Artemisa se encuentra en la actual Turquía y en sus alrededores es donde hace años se encontró el sepulcro, dentro de un canal de una antigua letrina pública romana. La datación por radiocarbono sitúa el enterramiento en el periodo bizantino medio, entre los siglos VIII y IX d.C., cientos de años después de que el edificio dejara de usarse como letrina pública.
La tumba era pequeña y estaba hecha de ladrillos y piedras y en ella estaban los restos de dos bebés que murieron antes o justo al nacer y que, por su tamaño casi idéntico y compartir sepultura, se presupone que son gemelos. Uno de los individuos tenía una costilla extra en el cuello, una rareza ósea de la que según la ÖAW solo existe otro caso documentado, y asociada a riesgos de trastornos en el desarrollo y abortos espontáneos. De hecho, ambos bebés nacieron en torno a las 33-34 semanas de gestación.
No es lo que parece. De buenas a primeras es casi inevitable asociar la letrina a una especie de descarte de cadáveres infantiles, como explica el ÖAW con ejemplos de infanticidio en yacimientos como Ashkelon en Israel o el pozo de huesos del Ágora de Atenas. Pero no: en Éfeso la tumba presenta características de un entierro cuidadoso de personas adultas.
Así, tiene una construcción cuidada, una orientación ritual que no es casual y no hay evidencia de que fueran abandonados. En pocas palabras, puede que el lugar del entierro parezca indigno y marginal, pero no: a esos bebés los querían.
Contexto. Esa diferenciación entre enterramientos de adultos y niños en sociedades antiguas era una realidad. Así, las criaturas solían acabar yaciendo bajo casas o en pozos y no era porque no importaran, sino porque tenían otro estatus social. Pero en este caso, el sepulcro obedecía a la costumbre bizantina de Éfeso, esto es, con las cabezas orientadas al oeste y sin ajuar funerario, de acuerdo con las primeras prácticas cristianas documentadas en necrópolis de la ciudad.
Además, cuando sucedió el sepelio el Templo y sus alrededores todavía eran visitables: sería a partir de las inundaciones de los siglos XIII-XIV cuando el recinto quedó sepultado bajo metros de barro.
En detalle. Los restos mortales de los bebés muestran signos de haber sido envueltos en algo parecido a un sudario, y junto a sus cabecitas se encontró un objeto de hierro punzante con una función similar a la de un alfiler, es decir, para sujetar la envoltura.
Nada parece casual o apresurado, motivo por el cual el equipo descarta la hipótesis de un aborto o un descarte: ni la construcción del sepulcro, ni la conservación de los cuerpos y su disposición ni tampoco el lugar: un espacio dentro del antiguo recinto sagrado de Artemisa, no en cualquier vertedero. Según el equipo de investigación, este caso se enmarca en la transición de los hábitos romanos hacia los cristianos en lo relativo a la muerte infantil.
Sí, pero. Como advertíamos al inicio, la condición de gemelos es algo que se deduce por la sepultura compartida y las similitudes entre ambos cuerpos, pero no está confirmada biológicamente con pruebas como el ADN. Por otro lado, considerar que estos bebés fueron "queridos" es una interpretación razonable del equipo de arqueología, basada en la lógica de las pistas y en la comparativa con otros yacimientos, pero no es un hecho confirmado al cien por cien.
