domingo, abril 19, 2026

Unicef: la niñez en República Dominicana enfrenta niveles de violencia por encima del promedio regional

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En República Dominicana, la violencia contra la niñez no siempre se ve, pero está profundamente arraigada. Los datos más recientes revelan que lejos de ser una excepción, forma parte de la vida cotidiana de una mayoría de niños y niñas, y supera los niveles promedio de América Latina y el Caribe.

En el marco de abril, Mes Nacional de la Prevención del Abuso Infantil, este panorama cobra especial relevancia y refuerza el llamado a actuar frente a una situación que afecta el presente y el futuro del país.

El informe regional “Violencia contra niñas, niños y adolescentes en América Latina y el Caribe: nuevos datos y soluciones” (2026), un estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), muestra que más de 6 de cada 10 niños, es decir, alrededor del 60 % en América Latina y el Caribe, están expuestos a disciplina violenta, mientras que en República Dominicana esta proporción alcanza el 63 %, lo que sitúa al país por encima del promedio regional.

Este patrón indica que, tanto en la región como en la nación dominicana, la violencia no es un evento aislado, sino una experiencia acumulativa que comienza en edades tempranas y genera efectos sostenidos en el desarrollo, la salud y las oportunidades futuras de niños, niñas y adolescentes.

Las cifras coinciden con las recientes alertas de Unicef en el país, que describen una infancia atravesada por prácticas normalizadas de violencia en el hogar, así como riesgos persistentes como la violencia sexual y psicológicas.

“La violencia contra la niñez y adolescencia tiene consecuencias profundas y duraderas en la etapa de crecimiento, aprendizaje y salud emocional. Pero es prevenible”, afirmó Carlos Carrera, representante del citado organismo internacional en territorio dominicano.

Una violencia que se normaliza 

Más allá de los datos, el problema radica en su aceptación social.

“Estamos hablando de niños y niñas que crecen con miedo, marcados por la exposición constante a prácticas de violencia arraigadas en su vida diaria”, advirtió Carrera.

El documento regional confirma que la violencia no ocurre de forma aislada, sino que se acumula en distintos entornos (hogar, escuela y comunidad) y afecta el desarrollo integral de la niñez.

Cuando la violencia se convierte en biología

La evidencia científica muestra que el impacto va mucho más allá de lo social.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en su investigación más reciente: Castigo corporal de niños el impacto en la salud pública (2025), la exposición temprana a la violencia grave y prolongada puede generar estrés tóxico, una activación del sistema de respuesta al estrés que puede alterar el desarrollo cerebral.

Esto afecta: la regulación emocional, la memoria y la capacidad de aprendizaje. En consecuencia, la violencia no solo afecta el presente: aumenta el riesgo de que la niña o niño repita los patrones de violencia como víctima o como agresor.

En el ámbito global, los efectos también han sido cuantificados: se estima que el 40 % de los niños expuestos a violencia presentan afectaciones en su salud mental, el 35 % desarrolla conductas agresivas, el 30 % muestra bajo rendimiento académico y el 25 % experimenta deterioro en sus relaciones sociales. Estos datos refuerzan que el impacto es multidimensional y trasciende generaciones.

Otros hallazgos de la ciencia

La serie “Violence against children” o su traducción “Violencia contra los niños” publicada en 2016 en The Lancet —referencia global en la materia— estableció que el maltrato infantil está asociado con: mayores tasas de depresión y ansiedad; menor rendimiento educativo y mayor riesgo de reproducir violencia en la adultez.

Además, advierte que estos efectos impactan directamente el desarrollo económico de los países, al limitar el capital humano.

Estos hallazgos han sido reforzados por la mencionada evidencia de la OMS publicada el pasado año, que confirma que prevenir la violencia en la infancia es una de las intervenciones más costo-efectivas para el desarrollo social.

Una oportunidad para actuar

“Los datos cuentan: fortalecer los sistemas de protección y asegurar políticas públicas basadas en evidencia es clave para responder a la magnitud de la violencia contra la niñez”, subrayó el representante de Unicef.

En esa línea, la investigación regional publicada este año por Unicef y la OPS destaca la existencia de intervenciones eficaces y ampliamente documentadas, como la promoción de prácticas de crianza y disciplina positiva, el fortalecimiento de los sistemas de protección y el apoyo integral a las familias. La evidencia es concluyente: las soluciones existen y han demostrado resultados.

Sobre este contexto, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia advierte que la urgencia es clara. En República Dominicana, la violencia contra la niñez es persistente, comienza desde los primeros años y deja consecuencias duraderas. El desafío ya no es reconocerla, sino actuar con determinación para cambiarla. Ante esto, la campaña “Los Datos Cuentan” pone la evidencia en el centro como motor de cambio. Porque más que cifras, los datos visibilizan la realidad y ayudan a impulsar acciones para prevenir la violencia.

Historia de vida

A sus cinco años, Teresa (nombre retocado) ya sabía cuándo quedarse en silencio. En su casa, los gritos eran parte de la rutina y los castigos se sentían como algo “normal”. En la escuela, le costaba concentrarse y sonreír, aunque nadie entendía por qué. Como ella, miles de niños y niñas crecen aprendiendo a vivir con miedo, cargando heridas invisibles que marcan su desarrollo. Su historia no es un caso aislado: es el reflejo de una realidad que aún estamos a tiempo de cambiar.

as para la Infancia (Unicef) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), muestra que más de 6 de cada 10 niños, es decir, alrededor del 60 % en América Latina y el Caribe, están expuestos a disciplina violenta, mientras que en República Dominicana esta proporción alcanza el 63 %, lo que sitúa al país por encima del promedio regional.

Este patrón indica que, tanto en la región como en la nación dominicana, la violencia no es un evento aislado, sino una experiencia acumulativa que comienza en edades tempranas y genera efectos sostenidos en el desarrollo, la salud y las oportunidades futuras de niños, niñas y adolescentes.

Las cifras coinciden con las recientes alertas de UNICEF en el país, que describen una infancia atravesada por prácticas normalizadas de violencia en el hogar, así como riesgos persistentes como la violencia sexual y psicológicas.

“La violencia contra la niñez y adolescencia tiene consecuencias profundas y duraderas en la etapa de crecimiento, aprendizaje y salud emocional. Pero es prevenible”, afirmó Carlos Carrera, representante del citado organismo internacional en territorio dominicano.

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