En el desierto de Mojave se encuentra la que fue la planta de energía solar térmica más grande del mundo, la cual se inauguró en 2014 y ahora, tras 12 años de funcionamiento, se ha visto obligada a cerrar sus puertas. La decisión responde a un historial de problemas técnicos, elevados costes operativos y, especialmente, al impacto ambiental, incluyendo casos documentados de aves «incineradas» al quedar expuestas a los intensos haces de luz concentrada por los espejos solares. Esta instalación utiliza energía termosolar de concentración, una tecnología que en su día fue considerada innovadora, pero que actualmente atraviesa un periodo de dudas sobre su viabilidad y eficiencia.
El sistema se basa en miles de espejos, conocidos como heliostatos, que siguen el movimiento del Sol y concentran su radiación en torres centrales. El calor generado se utiliza para calentar agua y producir vapor, que a su vez mueve turbinas conectadas a generadores eléctricos. En el caso de la planta de Ivanpah, su construcción supuso una inversión de unos 1.600 millones de dólares, procedentes de préstamos del Departamento de Energía de Estados Unidos y de acuerdos a largo plazo con empresas eléctricas. En su momento fue la mayor central termosolar del mundo, título que perdió posteriormente con la puesta en marcha de la planta de Port Augusta en Australia.
Cierra la mayor planta de energía solar térmica del mundo
Uno de los principales problemas ha sido la dificultad para mantener los espejos perfectamente alineados. Este sistema, que requiere un seguimiento constante y preciso del Sol, ha mostrado en la práctica cierta inestabilidad y falta de fiabilidad, según recoge un informe de la CNN. El mantenimiento de los mecanismos y la gestión de las turbinas implican además costes operativos elevados, lo que ha reducido la competitividad de la energía termosolar de concentración frente a otras tecnologías renovables.
El mantenimiento y la gestión de la instalación también implican costes elevados, lo que ha reducido su competitividad frente a otras tecnologías renovables. Asimismo, organizaciones ambientalistas han denunciado daños irreversibles en el hábitat de especies como la tortuga del desierto, además de la muerte de aves debido a la concentración de radiación solar. Algunas estimaciones llegaron a señalar cifras de hasta 28.000 aves fallecidas al año, lo que convirtió a Ivanpah en un foco de controversia ambiental y en objeto de críticas por posibles deficiencias en la evaluación de su impacto ecológico.
El colapso económico del proyecto se debió a la combinación de la fuerte caída de los costes del silicio fotovoltaico y del almacenamiento con baterías, junto con decisiones comerciales clave. La compañía Pacific Gas & Electric (PG&E) canceló los contratos de compra de energía que garantizaban ingresos a Ivanpah, argumentando que para sus clientes resultaba más barato recurrir a la energía fotovoltaica y a las soluciones actuales de almacenamiento.Este cambio contractual, negociado en 2025 con los propietarios de la planta y el Departamento de Energía de Estados Unidos, terminó por sellar el futuro de la central y aceleró su proceso de desmantelamiento.
El cierre de esta planta de energía solar térmica no es un caso aislado. En Nevada, la planta Crescent Dunes también atravesó serios problemas técnicos y financieros.Este proyecto estaba diseñado para almacenar energía en sales fundidas y así generar electricidad incluso sin la presencia de sol, pero nunca logró alcanzar los objetivos de producción previstos.
La empresa responsable del proyecto acabó en situación de quiebra, lo que reforzó las dudas sobre la viabilidad de la energía termosolar de concentración a gran escala. El cierre de estas instalaciones pone de relieve el declive de la energía solar térmica frente al avance de la energía fotovoltaica, que resulta más económica y presenta un menor impacto ambiental.
La competitividad de las fuentes renovables no depende únicamente de la ambición del concepto, sino también de la sencillez operativa, la madurez tecnológica y el coste total de propiedad. En este contexto, la energía fotovoltaica, especialmente cuando se combina con almacenamiento mediante baterías, ha experimentado una rápida reducción de costes y una curva de aprendizaje que la ha consolidado como la opción dominante en proyectos a gran escala.
Plantas termosolares en la Comunidad de Madrid
La Comunidad de Madrid está impulsando mejoras en la eficiencia de las plantas termosolares de torre a través de los Institutos Madrileños de Estudios Avanzados (IMDEA Networks e IMDEA Energía), junto con otras nueve organizaciones internacionales dentro del proyecto europeo SUN-DT, centrado en la transición digital de este tipo de instalaciones.
Estas centrales funcionan mediante miles de espejos, conocidos como heliostatos, que siguen la posición del Sol y concentran su radiación en un receptor situado en la parte superior de una torre. En ese punto se alcanza una elevada temperatura que posteriormente se transforma en electricidad. Aunque se trata de una tecnología térmica gestionable con ventajas claras, su rendimiento depende de operaciones de campo muy complejas, donde todos los componentes deben estar perfectamente sincronizados. Por ello, la digitalización se considera clave para aumentar la eficiencia, reducir costes y facilitar su expansión.
