
Santo Domingo.– Un niño que deja de hablar, se aísla de sus compañeros, pierde el interés por estudiar o comienza a sentir miedo de regresar a clases podría estar enfrentando una situación de acoso escolar. El bullying no siempre deja marcas en el cuerpo, pero puede provocar profundas consecuencias emocionales.
Este jueves 5 de noviembre, en el marco del Día Internacional contra la Violencia y el Acoso en la Escuela, incluido el Ciberacoso, surge una interrogante que padres y maestros no deben ignorar: ¿Cómo reconocer las señales de que un menor está sufriendo violencia y qué hacer para protegerlo?
La conmemoración, promovida por la UNESCO, busca crear conciencia sobre la importancia de garantizar escuelas seguras, donde niños, niñas y adolescentes puedan aprender sin temor a sufrir agresiones, humillaciones o amenazas.
Cuando el silencio es una señal de alerta
El acoso escolar, conocido como bullying, no se limita a golpes o agresiones físicas. También puede manifestarse mediante burlas constantes, insultos, amenazas, exclusión social y ataques a través de las redes sociales.
La tristeza repentina, el aislamiento, la ansiedad, los cambios de comportamiento y el rechazo a asistir a clases son algunas de las señales que podrían indicar que un estudiante necesita ayuda.
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Otros indicios incluyen la disminución del rendimiento académico, problemas para dormir, pérdida de apetito y dolores frecuentes de cabeza o estómago.
Aunque estas señales no confirman por sí solas que exista bullying, deben motivar a los adultos a escuchar al menor y a conocer qué está ocurriendo.
Las consecuencias pueden ser graves
El acoso escolar puede afectar la autoestima, la salud mental y el desarrollo académico de las víctimas.
Entre sus posibles consecuencias se encuentran la ansiedad, depresión, aislamiento social, miedo constante y dificultades para relacionarse con otras personas. En casos graves, puede estar asociado con autolesiones o pensamientos suicidas.
¿Cómo pueden actuar los padres y maestros?
La prevención comienza con algo fundamental: escuchar a los niños y prestar atención a los cambios en su comportamiento.
Los padres deben mantener una comunicación abierta con sus hijos, brindarles confianza para hablar sobre sus experiencias escolares y evitar minimizar sus preocupaciones.
Mientras tanto, los centros educativos deben fortalecer la vigilancia de las relaciones entre estudiantes, capacitar a los docentes, establecer mecanismos confidenciales de denuncia y actuar ante cualquier manifestación de violencia.
Qué deben hacer familias y escuelas
Si se identifica un caso de bullying, la prioridad debe ser proteger al estudiante afectado, detener las agresiones y ofrecer el acompañamiento necesario.
La UNESCO promueve la participación de las familias, las autoridades educativas y los docentes para prevenir estas situaciones, tanto dentro de las aulas como en los espacios digitales.
En este 5 de noviembre, la conmemoración también llama la atención sobre una realidad: no todas las víctimas de acoso escolar piden ayuda con palabras. Algunas lo expresan a través del silencio, el miedo o el aislamiento, señales que requieren atención de los adultos responsables de su protección.
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