La tibieza de una tarde primaveral valenciana no impidió que la Sala Iturbi del Palau de la Música registrara cerca de tres cuartos de entrada, cifra significativa para un título barroco y en una programación donde el público tiende a lo sinfónico. Una de las imágenes iniciales ―con el eco reconocible de La primavera vivaldiana acompañando el descenso de Fortuna― funcionó como guiño y declaración estética: no solo por la coincidencia cronológica con Il Giustino (1724), sino por la manera en que ese material musical, tan conocido, se integra aquí en un discurso dramático de notable eficacia.
El Palau de la Música continúa así sus incursiones líricas, consolidándose como contenedor viable para la ópera en versión de concierto. Esta producción, además, se inscribe en una gira europea que recalará en De Singel de Amberes (21 de abril), el Konzerthaus de Friburgo (23 de abril) y el Teatro Real de Madrid (25 de abril), confirmando la solidez del proyecto.
La lectura de René Jacobs —visiblemente con cierta fragilidad física— ofreció, sin embargo, una lucidez intacta. Bajo su guía, la Freiburger Barockorchester desplegó un sonido de identidad muy definida, con instrumentos históricos que aportaron una paleta tímbrica de gran riqueza. Se percibió, sin duda, gran experiencia en la praxis históricamente informada, especialmente en la gestión del recitativo y en la flexibilidad de los tempi. La recepción del público resultó cuando menos llamativa: ausencia casi total de aplausos tras las arias, y no por falta de mérito, sino por una atención hipnótica. A ello contribuyeron unos efectos de luz y sonido de factura deliberadamente artesanal.
"La lectura de René Jacobs ofreció una lucidez intacta. Bajo su guía, la Freiburger Barockorchester desplegó un sonido de identidad muy definida, con instrumentos históricos que aportaron una paleta tímbrica de gran riqueza"
En el plano vocal, destacó con claridad Rémy Brès-Feuillet (Giustino), contratenor de emisión natural y bien apoyada, solvente en las ornamentaciones de las da capo y con notable desenvoltura escénica incluso en posiciones poco convencionales. También Kateryna Kasper (Arianna/La Fortuna) se situó en el vértice del elenco: línea limpia, proyección franca y un fraseo de gran refinamiento. Momentos destacables los de Olivia Vermeulen (Anastasio) y su musicalidad en la famosa “Vedrò con mio diletto”, y Robin Johannsen (Leocasta), que brilló en “Nacque al bosco e nacque al prato”.
Siyabonga Maqungo aportó un Vitaliano de considerable potencia y presencia, y Sonia Prina (Andronico), sin deslumbrar tímbricamente, sostuvo el personaje con convicción teatral —especialmente en “È pur dolce ad un’anima amante” —. Correctos en sus cometidos Mark Milhofer y Francesc Ortega Martí.
El resultado global se sitúa entre lo más destacado de la temporada del Palau por su cohesión sonora, nivel del elenco, inteligencia estilística y eficacia de la propuesta. Como la tarde que la enmarcó, la música de Il Giustino desplegó una primavera luminosa, expansiva y, sobre todo, fértil, pues invita sin duda a prolongar esta línea en la programación del auditorio valenciano. * Jerahy GARCÍA, corresponsal de ÓPERA ACTUAL en Valencia
