jueves, abril 30, 2026

Guillermo Estrella Ramia: “La República Dominicana tiene las capacidades que su economía necesita. Ahora la decisión es cómo usarlas”

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El derecho corporativo no es un lujo para empresas. Es la infraestructura invisible que habilita las condiciones para que una inversión prospere, un acuerdo se cumpla y una disputa se resuelva sin destruir relaciones. Según Guillermo Estrella Ramia, el país ya tiene esa capacidad. La pregunta es si sabe aprovecharla.

La República Dominicana ha consolidado, en los últimos años, condiciones estructurales que la posicionan como uno de los destinos más atractivos de inversión en el Caribe. La estabilidad macroeconómica, la apertura comercial y un entorno cada vez más competitivo han sido factores determinantes. Sin embargo, el verdadero diferencial no reside solo en esas variables visibles, sino en la forma en que se articulan.

En ese punto, el marco jurídico empresarial adquiere un rol menos evidente, pero decisivo.

No se trata de una función accesoria ni de un elemento que interviene únicamente en escenarios de conflicto. Se trata, más bien, de una herramienta que define la calidad de las decisiones económicas desde su origen. La manera en que se estructuran las sociedades, se distribuyen los riesgos contractuales o se anticipan los mecanismos de resolución de disputas tiene un impacto directo en la sostenibilidad de cualquier proyecto.

El país ha desarrollado, de forma progresiva, una capacidad técnica relevante en este ámbito. Hoy es posible estructurar operaciones complejas —desde financiamientos hasta transacciones transfronterizas— con estándares comparables a los de jurisdicciones más maduras. Esa evolución no ha sido estridente, pero sí consistente.

El desafío, por tanto, no es la ausencia de capacidades, sino su integración temprana en la toma de decisiones.

En una parte importante del tejido empresarial, el componente jurídico continúa incorporándose de forma reactiva, cuando las estructuras ya han sido definidas o cuando los riesgos comienzan a materializarse. En ese contexto, el margen de maniobra se reduce y las soluciones, aunque posibles, tienden a ser más costosas.

Por el contrario, cuando estas herramientas se utilizan desde etapas iniciales, permiten ordenar la inversión, clarificar expectativas entre las partes y reducir fricciones futuras. No como una carga adicional, sino como un elemento que facilita la ejecución.

El sector privado dominicano ha mostrado señales claras de madurez en esta dirección. La transición hacia esquemas más formales de gobierno corporativo, la creciente sofisticación de los inversionistas locales y la interacción con contrapartes internacionales han elevado el estándar de cómo se estructuran los negocios. Este proceso, sin embargo, aún convive con prácticas que responden a etapas anteriores del desarrollo empresarial.

El contexto actual amplifica la importancia de esa transición. Un entorno regulatorio en evolución, mercados de capital en expansión y mayores exigencias en materia de transparencia y cumplimiento configuran un escenario donde la calidad de la estructura importa tanto como la oportunidad del negocio.

En ese sentido, el margen de crecimiento no está únicamente en atraer más inversión, sino en mejorar la forma en que esa inversión se organiza, se protege y se proyecta en el tiempo.

La República Dominicana dispone de los elementos necesarios para ello. La variable pendiente es, esencialmente, de enfoque: entender estas herramientas no como una reacción ante el riesgo, sino como parte de la arquitectura del crecimiento.

Guillermo Estrella Ramia

Socio gerente — Estrella & Tupete, Abogados

linkedin.com/in/guillermo-estrella-ramia · blog.estrellatupete.com

Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva del autor.

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