jueves, abril 30, 2026

Rusia sufre en Mali su peor revés militar en África y queda contra las cuerdas en el Sahel: “Es una humillación”

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Combatientes armados recorren las calles de Kati, localidad sede del principal cuartel del ejército maliense, el día del ataque coordinado del 25 de abril. (Reuters TV/Reuters)
Combatientes armados recorren las calles de Kati, localidad sede del principal cuartel del ejército maliense, el día del ataque coordinado del 25 de abril. (Reuters TV/Reuters)

La derrota rusa en Kidal, una localidad estratégica en el corazón del desierto maliense, marcó el golpe más severo a la presencia militar de Moscú en África desde que el Kremlin reemplazó a Francia como socio armado del régimen militar de Mali hace cinco años.

La caída de la plaza, tomada al amanecer del 25 de abril por una alianza de combatientes tuareg del Frente de Liberación de Azawad (FLA) y milicianos del grupo yihadista Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), vinculado a Al Qaeda, obligó a las pocas decenas de paramilitares rusos atrincherados en la zona a replegarse o morir. Optaron por lo primero, según una reconstrucción publicada este miércoles por el Financial Times.

Combatientes celebran en las calles de Kidal tras la retirada del Africa Corps ruso, ciudad que Moscú había recuperado en 2023 como único triunfo militar exhibible en Mali. (Social media/Reuters)
Combatientes celebran en las calles de Kidal tras la retirada del Africa Corps ruso, ciudad que Moscú había recuperado en 2023 como único triunfo militar exhibible en Mali. (Social media/Reuters)

El revés ha sacudido los cimientos del proyecto de proyección militar ruso en el Sahel y abre interrogantes sobre la viabilidad del gobierno prorruso del general Assimi Goïta en Bamako, la capital.

“Es una humillación. Otra confirmación de que son ineficaces y poco confiables frente a insurgentes y yihadistas”, dijo al diario británico Wassim Nasr, analista del Soufan Center de Nueva York. Nasr remarcó que la recuperación de Kidal hace tres años había sido el único triunfo militar exhibible por las fuerzas rusas en el país.

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La ofensiva no se limitó al norte. El sábado, los rebeldes asaltaron el principal centro de mando militar en Kati, una localidad próxima a Bamako, y mataron al ministro de Defensa Sadio Camara, arquitecto del acercamiento con Moscú y el funcionario maliense de mayor rango con dominio del idioma ruso. El jefe de inteligencia Modibo Koné, cuyo presupuesto sostenía la presencia paramilitar rusa, resultó gravemente herido, según el Financial Times.

JNIM declaró el martes el asedio sobre Bamako, y sus combatientes seguían operando en las periferias de la capital al cierre de esta nota. Los tuareg, en tanto, anunciaron su intención de avanzar sobre Tombuctú y Gao.

Personas armadas con rifles en un paisaje desértico con barriles azules y mangueras, y humo oscuro elevándose sobre edificios en el fondo
Fuerzas rebeldes y yihadistas consolidan su control en Kidal, Azawad, mientras columnas de humo se elevan sobre la ciudad durante la escalada del conflicto en Mali.

Mali rompió con París tras el golpe militar de 2021 y, primero a través del Grupo Wagner —fundado por Yevgeny Prigozhin— y luego del Africa Corps, una estructura tutelada directamente por el Ministerio de Defensa ruso, contrató el respaldo de Moscú para combatir la insurgencia. La sucesión se concretó tras la fallida insurrección de Prigozhin contra el presidente Vladimir Putin y se formalizó en junio del año pasado.

Los analistas consultados por el medio británico apuntan a una combinación de factores detrás del traspié. El territorio de Mali duplica en superficie al de Ucrania, y los aproximadamente 2.000 efectivos rusos desplegados allí carecen de las capacidades de inteligencia y vigilancia que tenían las fuerzas francesas y estadounidenses. La violencia indiscriminada atribuida a Wagner y al Africa Corps habría engrosado, además, las filas del JNIM y el FLA.

“No resolvieron el problema. Lo agravaron”, resumió Nasr al Financial Times.

Justyna Gudzowska, del organismo de monitoreo The Sentry, apuntó otra debilidad: el equipamiento enviado desde Moscú —incluidos vehículos de orugas— resulta inadecuado para la guerra de desierto, y los nuevos comandantes habrían descuidado los puestos avanzados del norte. El Africa Corps, agregó, ha operado de manera más cautelosa que Wagner, replegado cerca de sus bases y dependiente del poder aéreo.

Soldados malienses patrullan Kati un día después del ataque rebelde que mató al ministro de Defensa Sadio Camara y dejó herido al jefe de inteligencia del país. (Reuters/archivo)
Soldados malienses patrullan Kati un día después del ataque rebelde que mató al ministro de Defensa Sadio Camara y dejó herido al jefe de inteligencia del país. (Reuters/archivo)

Moscú niega un descalabro. Maxim Solopov, jefe de la corresponsalía en Bamako de la agencia rusa African Initiative —señalada por la Unión Europea por difundir desinformación—, sostuvo ante el Financial Times que el repliegue de Kidal fue ordenado en coordinación con el estado mayor maliense y que los soldados locales no fueron abandonados. La cadena France 24 informó por su parte que el FLA confirmó un acuerdo que permitió la salida de las tropas rusas y malienses de la base conocida como Camp 2.

La agencia Pravda, alineada con el Kremlin, fue más allá y calificó la jornada como una “victoria grandiosa”, argumentando que el ataque de hasta 12.000 milicianos fue repelido en todas las regiones del país salvo en la propia Kidal.

En el terreno, sin embargo, la lectura es otra. Moussa Kondo, exfuncionario y director del Sahel Institute for Democracy and Governance en Bamako, dijo al Financial Times que los paramilitares rusos dejaron a soldados malienses atrapados durante el repliegue. “¿Cómo se puede decir que no han sido humillados?”, preguntó.

El presidente Assimi Goïta recibe al embajador ruso Igor Gromyko en el Palacio de Koulouba, su primera aparición pública tras la ofensiva que dejó al régimen de Bamako contra las cuerdas. (Mali Presidency/Reuters/archivo)
El presidente Assimi Goïta recibe al embajador ruso Igor Gromyko en el Palacio de Koulouba, su primera aparición pública tras la ofensiva que dejó al régimen de Bamako contra las cuerdas. (Mali Presidency/Reuters/archivo)

La firma de monitoreo Inpact estimó, según el diario británico, que sostener la presencia rusa le ha costado a Bamako entre 500 y 900 millones de dólares desde 2022.

Ulf Laessing, analista de la Fundación Konrad Adenauer radicado en Mali, anticipó que Moscú probablemente reducirá ambiciones y replegará su misión hacia la protección del régimen y la infraestructura crítica, en línea con el modelo aplicado en Níger y Burkina Faso, donde los contingentes rusos son significativamente más reducidos.

“Es un golpe serio para su reputación”, dijo al Financial Times Sergey Eledinov, exoficial ruso devenido analista en Dakar. “Sugiere que los rusos no son invencibles, después de todo”.

El presidente Goïta reapareció el martes públicamente por primera vez desde el inicio de la ofensiva, acompañado por oficiales y diplomáticos rusos —una imagen destinada, según el Financial Times, a reafirmar la alianza pese al desgaste.


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