Bill Gates, cofundador de Microsoft y referente global en innovación tecnológica, mantiene su habitual optimismo respecto al impacto de la inteligencia artificial, aunque matiza que el auge de esta tecnología traerá consigo una profunda transformación.
En una entrevista con Financial Review, Gates destacó que, pese a las oportunidades inéditas que ofrece la IA, tanto en medicina como en productividad, el mercado vivirá una depuración implacable: “La mayoría de las empresas de IA no sobrevivirá”.
Gates sostiene que el desarrollo vertiginoso de la IA provocará cambios estructurales en el mercado laboral y en la economía digital.
Según el empresario, la aceleración de la automatización afectará a una gama más amplia de empleos, incluidos muchos trabajos de oficina tradicionalmente considerados seguros.
El ex CEO de Microsoft advierte que, si bien los robots aún no están listos para reemplazar la mayoría de los trabajos manuales, ese escenario podría materializarse en los próximos dos a cinco años.
La perspectiva de Gates se apoya en el historial de disrupciones tecnológicas previas: aunque la humanidad ha superado otras transformaciones industriales, la IA destaca por la magnitud y la velocidad de sus efectos.
Gates subraya que el entusiasmo de los mercados por la IA ha desatado una ola especulativa que recuerda a episodios anteriores en la historia tecnológica.
“Si elegiste exactamente las compañías correctas —como Microsoft, Google o Apple—, te fue muy bien. Pero la mayoría de las empresas de IA fracasará. Es difícil para un inversor no técnico distinguir cuáles prosperarán”, afirma Gates.
El empresario advierte que la volatilidad bursátil reciente, exacerbada por lanzamientos como el de Anthropic —que presentó una herramienta capaz de automatizar tareas legales—, es solo un anticipo de un proceso de selección natural que dejará a pocos actores dominantes.
Para Gates, los mayores beneficios de la inteligencia artificial podrían materializarse en los sectores de salud y desarrollo social.
Como presidente de la Fundación Bill y Melinda Gates, ha dirigido más de USD 100.000 millones a proyectos de salud global, y cree que la IA permitirá multiplicar el alcance de estos fondos, especialmente en países con acceso limitado a médicos o recursos agrícolas.
Sin embargo, Gates reconoce que el avance tecnológico no garantiza una distribución equitativa del bienestar.
La brecha entre quienes pueden acceder a tecnologías avanzadas y quienes quedan rezagados puede ampliarse si los gobiernos no actúan con rapidez para adaptar los sistemas tributarios y de protección social.
“Podría ser necesario trasladar parte de la carga fiscal desde el trabajo hacia el capital o directamente a la inteligencia artificial”, sugiere, aunque reconoce los desafíos políticos de esta propuesta.
Gates, como reconocido filántropo, califica este momento de la cooperación internacional calificando al año 2025 como “horrible” para la ayuda exterior tras los recortes presupuestarios en Estados Unidos, aunque destaca que el trabajo de organizaciones filantrópicas y la presión sobre el Congreso han logrado recuperar parte de los fondos.
En Australia, Gates aprovechó su presencia para promover un aumento de la ayuda internacional y defender el valor de la investigación científica.

Aun así, advierte que los avances alcanzados están en riesgo si la atención política y financiera se desvía hacia otras prioridades.
Gates insiste en que la clave para resolver los grandes retos globales reside en la innovación a escala, tanto en salud como en cambio climático.
Aunque ha recibido críticas por relativizar la gravedad de la crisis climática frente a problemas de pobreza y salud, sostiene que solo a través del desarrollo de tecnologías eficientes —capaces de eliminar la “prima verde” que encarece los productos sostenibles— podrán lograrse cambios duraderos.
Actualmente, la Fundación Gates administra un fondo de USD 200.000 millones destinados a salud, energía y agricultura, con el objetivo de acelerar soluciones que beneficien a los sectores más vulnerables.
