jueves, mayo 7, 2026

El trabajo no está muriendo, está mutando

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El 40 % de los empleos en el mundo tienen exposición significativa a la inteligencia artificial, según Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional. Ese dato recorre medios, conversaciones y juntas directivas. Para algunos, asusta. Pero hay algo que ese mismo titular no cuenta: llevamos décadas diciendo lo mismo con otro nombre.

En 2001, diecisiete desarrolladores de software firmaron el Manifiesto Ágil en Utah, Estados Unidos, y las organizaciones del mundo entero pasaron la década siguiente convencidas de que quienes no adoptaran esas metodologías quedarían obsoletos. Luego llegó la transformación digital —con fuerza a partir de 2010— y el mismo miedo tomó otra forma. Después, en 2020, la pandemia de covid-19 lo aceleró todo: solo en América Latina y el Caribe, la OIT documentó la pérdida de al menos 34 millones de empleos, forzando reestructuraciones masivas, la adopción acelerada del trabajo remoto y rediseños organizacionales que muchas empresas no habían planeado hacer en décadas. Y hoy, desde que OpenAI lanzó ChatGPT en noviembre de 2022 y detonó la era de la IA generativa, el ciclo se repite: nuevos titulares, nueva urgencia, mismo miedo de fondo.

Y creo que, una vez más, el problema no es la tecnología. Es cómo la enfrentamos.

El ‘Barómetro global de IA en el empleo 2025’, de PwC —elaborado con base en casi mil millones de ofertas de trabajo en seis continentes—, afirma que los empleos que requieren habilidades de IA ofrecen una prima salarial casi del doble que la del año anterior. Y los puestos que exigen esas competencias siguen creciendo, incluso en los roles considerados más automatizables.

Las decisiones que se tomen hoy determinarán si la IA generativa se convierte en una fuerza para mayor igualdad o en un factor que consolide las brechas existentes.

El FMI aclara que aproximadamente la mitad de los empleos expuestos a la IA podrían beneficiarse de su integración, mejorando la productividad de quienes los ocupan. La narrativa del reemplazo masivo choca con los datos: lo que está ocurriendo es una transformación profunda de los roles, no su desaparición. Y el Foro Económico Mundial lo confirma: para 2030 se crearán 170 millones de nuevos empleos, con un crecimiento neto de 78 millones a nivel global. El saldo es positivo. Pero requiere preparación.

Sin embargo, hay un riesgo concreto que me preocupa más que la automatización en sí, y tiene nombre: brecha de género: Según la OIT, las ocupaciones dominadas por mujeres tienen casi el doble de probabilidades de estar expuestas a la IA generativa que las dominadas por hombres: el 29 % frente al 16 %. Y la diferencia se agudiza en los niveles de mayor riesgo: el 16 % de las ocupaciones con predominio femenino se ubican en las categorías de mayor exposición a la automatización, frente a apenas el 3 % de las dominadas por hombres.

Para América Latina, la señal es aún más directa: la OIT advierte que las trabajadoras jóvenes, urbanas, con educación superior y empleadas en sectores como banca, finanzas o administración pública son las más expuestas a la automatización por IA generativa en la región.

Las decisiones que se tomen hoy determinarán si la IA generativa se convierte en una fuerza para mayor igualdad o en un factor que consolide las brechas existentes. Y eso no es una predicción. Es una elección organizacional. Y los líderes que tienen esa decisión en sus manos tienen que empezar a generar caminos que minimicen este impacto.

El WEF proyecta que el 39 % de las habilidades actuales cambiarán radicalmente para 2030. La pregunta no es si el cambio va a llegar. La pregunta es si lo vas a navegar con estrategia o con miedo.

¿Cuál estás eligiendo?

* Mela Velásquez es Miembro de Women in Connection (WIC)


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