Santo Domingo.- La República Dominicana se encuentra inmersa en una crisis de salud pública que no se incuba en laboratorios ni se transmite a través de vectores ambientales, sino que transita por las calles y avenidas de todo el territorio nacional.
Conducir una motocicleta o verse involucrado en un siniestro vial se ha convertido en una sentencia casi cotidiana que mantiene abarrotadas las salas de emergencia del país, drenando de manera desproporcionada los recursos financieros del Estado y la estabilidad emocional y económica de miles de familias que, ven cómo sus principales fuentes de sustento quedan agotadas o se suman a las listas de mortalidad nacional.
El doctor Eliezer Jiménez, presidente de la Sociedad Dominicana de Emergenciología (SODOEM), advierte con profunda preocupación que esta alarmante realidad ha posicionado a la nación en un segundo lugar a nivel mundial en muertes por accidentes de tránsito, conformando un escenario crítico que satura por completo la capacidad operativa de los centros de salud.

"En las salas de emergencia, más del 60% de las atenciones y del gasto en salud va derivado a esos pacientes producto de accidentes de tránsito, y de todos esos accidentes el 68% aproximadamente son en motocicletas", detalla el especialista sobre la magnitud de un problema que, hasta el mes de abril del presente año, ya contabilizaba unas 750 personas fallecidas, proyectando cifras anuales que históricamente oscilan entre las 2,500 y las 3,000 muertes.
Las estadísticas revelan un descalabro financiero inmenso para las arcas públicas y el sistema sanitario en general, pues según registros recientes del Instituto Dominicano de Prevención y Protección de Riesgos Laborales (IDOPRIL), tan solo en un trimestre el país incurrió en un gasto de 622 millones de pesos para brindar cobertura al 40% de las atenciones de emergencia que fueron causadas exclusivamente por motocicletas.
"Toda la logística que involucra llevar a ese paciente ahí, que por día se gastan entre 300 mil, 600 mil y hasta un millón de pesos diario, conlleva la atención de un paciente producto de un accidente de tránsito porque eso involucra unidad de cuidado intensivo y personal de salud", precisa Jiménez, subrayando que la supervivencia inicial del paciente marca apenas el comienzo de un largo y tortuoso proceso de rehabilitación.
El drama familiar y la carga social
Más allá de la frialdad de los números macroeconómicos, el verdadero drama humano se respira en las salas de espera y se padece en el seno de los hogares, especialmente en aquellos que dependen del trabajo informal, quienes constituyen la inmensa mayoría de las víctimas de estos siniestros viales.
"Afecta al contribuyente, afecta a la familia que se ve que el único que llevaba el sustento al hogar era esa persona; ese es el que va al hospital, representa una carga para el Seguro Nacional de Salud (Senasa), representa una carga para el hospital, y representa una carga para la sociedad", lamenta el galeno.
Este explica que una simple fractura de fémur puede requerir desde seis meses hasta un año de recuperación, empujando a comunidades, juntas de vecinos y congregaciones religiosas a organizar colectas solidarias para costear las cirugías ortopédicas de individuos que, de presentar complicaciones, podrían no reintegrarse jamás al mercado laboral productivo.
Imprudencias mortales
Al cruzar las puertas de la sala traumatológicas, el personal médico se enfrenta a un cuadro clínico desolador dominado por lesiones críticas que demandan intervención inmediata, siendo el trauma craneoencefálico la patología de mayor letalidad como consecuencia directa de la negligencia ciudadana y la falta de equipos de protección certificados.

Traumas más comunes
El presidente de SODOEM narra cómo reciben continuamente a conductores que transitan utilizando cascos de jugar béisbol creyendo que están protegidos o buscando burlar a la autoridad, una muestra palpable de irresponsabilidad que se suma a la incesante llegada de pacientes con severos traumas toracoabdominales y múltiples fracturas de huesos largos como “fémur”, “tibia” y “peroné” que hoy en día representan el mayor gasto de insumos ortopédicos de los hospitales del país.
SODOEM y el desafío de hacer cumplir la ley
Frente a esta avalancha de fatalidades prevenibles, la Sociedad Dominicana de Emergenciología ha decidido levantar la voz y enfocar sus esfuerzos institucionales hacia la raíz estructural del problema, señalando la inoperancia en la fiscalización de tránsito como el factor detonante de esta crisis nacional.
"Si me preguntaras cuál ha sido la principal causa por la que nosotros hemos llegado a donde estamos, es el no aplicar la ley… la autoridad no ejerce su función y cuando la ejerce detrás tiene una sociedad que empieza a reclamarle, ya la autoridad deja de ser la autoridad que impone, ya es un victimario y al infractor lo vemos como una víctima", denuncia Jiménez.
Además advierte que mientras se mantenga esta inversión de valores y no se respalde a la institución encargada de poner el orden, el país continuará contando muertos en las autopistas.
Ante este panorama de permisividad que cobra vidas a diario, la directiva médica impulsa una enérgica campaña para erradicar de las vías públicas a los conductores menores de edad, un segmento poblacional que aporta una cuota desgarradora a las estadísticas de morbilidad severa.
El especialista sostiene que, con la misma determinación con la que las autoridades prohibieron el uso de teléfonos celulares en las aulas dominicanas, también deben hacerlo con los adolescentes para impedir que lleguen en motocicletas.
“El Ministerio de Educación y los organismos de tránsito deben impedir que adolescentes de 14, 15 y 16 años lleguen en motocicletas a los planteles escolares, una práctica completamente ilegal que mantiene a cientos de jóvenes conectados a ventiladores artificiales en las unidades de cuidados intensivos, truncando su juventud por empuñar el manubrio de una máquina para la cual no están legal ni mentalmente habilitados” señala Jiménez.

El rescate del sistema y la disminución de la letalidad dependen estrechamente de fortalecer la "hora dorada" mediante una sincronización hermética entre la asistencia prehospitalaria del Sistema 9-1-1 o Asistencia Vial y la respuesta intrahospitalaria, un engranaje en el que SODOEM trabaja activamente mediante la creación de protocolos y jornadas de capacitación técnica constante.
Sin embargo, toda destreza médica resulta insuficiente si la sociedad en su conjunto no asume su cuota de responsabilidad y las autoridades no aplican el régimen de consecuencias necesario para pacificar el asfalto dominicano.
Como ente rector y voz gremial, la Sociedad Dominicana de Emergenciología (SODOEM) mantiene un firme compromiso con la mejora continua de la atención pre e intrahospitalaria en el país.
Más allá de visibilizar la alarmante crisis de siniestralidad vial, la entidad trabaja de la mano con las autoridades en la elaboración de protocolos de atención integral y en la capacitación técnica constante del personal del 9-1-1 y la Dirección de Atención a Emergencias Extrahospitalarias (DAE).
SODOEM aboga incesantemente por la dignificación de las áreas de trabajo en los centros públicos y defiende el derecho irrenunciable de todo ciudadano a recibir asistencia médica oportuna, consolidándose como un pilar fundamental para la pacificación y el fortalecimiento del sistema de trauma a nivel nacional.
