sábado, junio 20, 2026

Tras bastidores: cómo fue la frenética carrera de Trump por firmar un acuerdo con Irán

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CNN — 

El presidente Donald Trump estaba a punto de sentarse a cenar en Versalles el miércoles cuando sorprendió tanto a su anfitrión, el presidente francés Emmanuel Macron, como a algunos de sus propios asesores con una exigencia: quería firmar su acuerdo con Irán allí mismo.

El máximo diplomático de Trump había recibido noticias, mientras se dirigía al palacio, de que el documento estaba listo. Sin embargo, ya había una ceremonia de firma programada para dos días después en un retiro de montaña ultraexclusivo con vistas al lago de Lucerna. El vicepresidente J. D. Vance, principal negociador estadounidense del pacto, debía viajar a Suiza para rubricar el memorando de entendimiento e iniciar la siguiente ronda de conversaciones técnicas con Irán.

Trump, no obstante, se mostró inflexible en que el acuerdo entrara en vigor de inmediato. Insistió en firmarlo esa misma noche. Macron les indicó que podía organizarlo rápidamente, según funcionarios al tanto de los acontecimientos.

Mientras ambos presidentes paseaban por la Galería de los Espejos, observando los techos con frescos que glorificaban los inicios del reinado de Luis XIV, el secretario de Estado, Marco Rubio, se encontraba con el ministro de Asuntos Exteriores francés buscando una impresora para obtener el memorando. Si alguien albergaba inquietudes sobre el historial de Versalles como escenario de firmas de paz —en particular la que puso fin a la Primera Guerra Mundial pero dio pie a otra—, no las expresó.

Al final, el acto previsto para el viernes en Lucerna nunca se celebró. Vance pospuso su viaje después de que Irán se retirara de la reunión en medio de un repunte de la violencia entre Israel y Hezbollah en el Líbano. Las partes habían acordado un nuevo alto el fuego a partir de la mañana del viernes. Sin embargo, el acuerdo con Irán, apenas unos días después de que Trump lo firmara, parecía más frágil que nunca.

Un oficial del ejército libanés permanece en el lugar mientras agentes de Policía y personal de emergencia trabajan en el sitio de un ataque israelí en los suburbios del sur de Beirut, Líbano, el 14 de junio.

Trump y Vance tienen motivos de sobra para poner en marcha la siguiente fase del acuerdo, destinada a concretar los compromisos de Irán para limitar su programa nuclear. Ambos han sido objeto de duras críticas, incluso por parte de sus propios partidarios, que ven el acuerdo como una capitulación que ofrece concesiones a Teherán a cambio de muy poco.

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Trump sugiere que acuerdo es una "rendición incondicional" de Irán

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El presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, Roger Wicker, declaró el jueves que un fondo de reconstrucción de US$ 300.000 millones, incluido en el sexto párrafo del memorando, hace que los pagos del acuerdo nuclear con Irán de la era Obama parezcan “una miseria”. Trump ha adoptado una postura defensiva, insistiendo en que fue el dominio militar de EE.UU. lo que llevó a Irán a la mesa de negociaciones en primer lugar. “Nosotros no nos reunimos por desesperación; ellos sí. ¡Están ACABADOS!”, escribió el viernes en las redes sociales. “Dejaremos que transcurran los 60 días. No recibirán dinero, ¡ni siquiera diez centavos!”.

No obstante, tras meses de conflicto, el memorando de entendimiento de 14 puntos supuso claramente un alivio para un presidente que llevaba tiempo deseando que la disputa llegara a su fin. Sus asesores le habían advertido que las reservas mundiales de petróleo estaban disminuyendo. La inquietud entre los republicanos ante las inminentes elecciones de mitad de mandato era intensa.

El propio Trump reconoció esta semana que fueron las preocupaciones económicas las que le llevaron a firmar el acuerdo; declaró a la prensa que temía ser comparado con Herbert Hoover, el presidente estadounidense que gobernaba cuando se produjo el desplome bursátil que dio inicio a la Gran Depresión.

“No quería presenciar una catástrofe económica”, afirmó el miércoles en el Hôtel Royal de Évian-les-Bains, al concluir la cumbre del G7.

Unas horas más tarde, poco después de las 23:00, Trump se encontraba en la Galería Baja de Versalles estampando su firma con un rotulador sobre un documento, apoyado en una larga mesa de banquete mientras de fondo se oía el tintineo de platos y cristalería.

“Les aseguro que esto no fue fácil”, dijo a sus compañeros de cena, entre los que se encontraban titanes de Wall Street y el presidente del mayor conglomerado de artículos de lujo de Francia. Levantó el memorando para mostrarles su firma.

“Bravo”, exclamó Macron. Alguien tomó una fotografía del documento para enviarla a Irán.

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Vance sobre el pacto: "Creemos en las acciones, no en las palabras"

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La firma improvisada fue el desenlace de una carrera frenética para cerrar el acuerdo, jalonada por innumerables giros inesperados y momentos en los que estuvo a punto de fracasar. Por momentos, el proceso se tornó caótico, a menudo debido a las propias acciones de Trump. Durante semanas, el presidente osciló entre sugerir que el acuerdo estaba cerca y amenazar con reanudar las hostilidades si Irán no aceptaba sus líneas rojas.

Incluso después de alcanzarse el memorando de entendimiento, el texto definitivo se mantuvo oculto al público durante días; en parte, porque los mediadores paquistaníes comunicaron a los funcionarios estadounidenses que los iraníes deseaban esperar por motivos internos, según señaló Vance.

Una vez que finalmente se hizo público —lo cual ocurrió solo cuando un alto funcionario estadounidense lo leyó en voz alta ante los periodistas—, los funcionarios describieron la existencia de “acuerdos de caballeros” que no figuraban en el texto propiamente dicho, pero que reflejaban entendimientos alcanzados por canales informales; según afirmaron, estos acuerdos les inspiraban confianza en el pacto.

Vance, quien ha liderado las negociaciones, declaró el jueves a la prensa que algunos de esos acuerdos paralelos constan por escrito, aunque añadió: “El memorando de entendimiento, los acuerdos de caballeros, el pacto definitivo… las palabras no importan, señoras y señores. Lo que nos interesa es la verificación”.

El vicepresidente J. D. Vance habla durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca el 18 de junio.

Los negociadores estadounidenses divulgaron el memorando de entendimiento sin esperar a que la cúpula iraní diera su visto bueno a las propuestas más detalladas; esto se debió, en parte, a que no querían retrasar la siguiente fase de las negociaciones, según una fuente conocedora de la información que funcionarios del Gobierno de Trump transmitieron a legisladores clave del Congreso. Obtener la aprobación formal de Irán para esas propuestas —aún confidenciales— habría requerido más tiempo.

Sin embargo, incluso la firma del acuerdo de 14 puntos en Versalles resultó momentáneamente confusa, ya que funcionarios estadounidenses habían afirmado previamente que Trump había firmado el documento digitalmente a principios de esa misma semana.

Resultó que Trump solo había presenciado la firma anterior. El miércoles, quiso asegurarse de que tanto él como el presidente de Irán firmaran una copia impresa para garantizar la entrada en vigor del acuerdo.

“Está firmado”, gritó Trump al salir del palacio poco después de la una de la madrugada, hora local. “Lo firmé en Versalles”.

En su momento, asesores de la Casa Blanca previeron que el conflicto habría terminado mucho antes de que llegara una serie de eventos festivos de verano: el inicio de la Copa del Mundo, un combate de la UFC en el Jardín Sur coincidiendo con el cumpleaños de Trump y el 250º aniversario de la nación.

En cambio, la guerra se había convertido en un telón de fondo constante de todos esos acontecimientos. La decisión de lanzar ataques en febrero —que lastraba la economía mundial y la propia popularidad de Trump— había llegado a ensombrecer su presidencia, incluso cuando él intentaba pasar página.

Dentro del Ala Oeste, muchos altos funcionarios llevaban tiempo presionando para encontrar una vía de salida. Los miembros del equipo político de Trump abogaban por una solución que protegiera a los republicanos vulnerables de cara a las elecciones de mitad de mandato y salvaguardara el legado político del presidente. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, expresó su preocupación por el impacto económico de la guerra. Por su parte, el secretario de Energía, Chris Wright, se mostró cauteloso ante los efectos que esto podría tener en la industria energética mundial, según funcionarios familiarizados con el asunto.

“Había un consenso generalizado de que, si esto continuaba, la situación empeoraría aún más”, señaló una fuente cercana a las conversaciones.

Durante una reunión interna en la Casa Blanca a principios de junio, Trump y sus asesores decidieron impulsar un acuerdo general con Irán para reabrir el estrecho de Ormuz y establecer un marco amplio para el desmantelamiento del programa nuclear iraní.

Ninguno de los asesores del presidente se opuso finalmente a seguir adelante con ese plan, indicó un funcionario que participó en las conversaciones; el grupo decidió reevaluar la situación durante un nuevo periodo de 60 días destinado a negociaciones técnicas, una vez alcanzado el acuerdo preliminar para poner fin a la guerra.

En las semanas siguientes, el equipo de seguridad nacional de Trump se reunió casi a diario para analizar la evolución del acuerdo. Muchos temían que Teherán no cumpliera su parte del trato, según funcionarios del Gobierno directamente involucrados en las negociaciones.

El director de la CIA, John Ratcliffe, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, figuraban entre los “más pesimistas” respecto a si los iraníes cumplirían sus compromisos de realizar concesiones sustanciales en su programa nuclear, incluso si aceptaban negociar sobre esa cuestión, afirmó uno de los funcionarios. No obstante, en diversos momentos, casi todos los altos cargos —incluidos Rubio, Vance y los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner— plantearon serias reservas, según señalaron los funcionarios.

Sin embargo, finalmente alcanzaron un consenso impulsado por el propio Trump: “Queremos acabar con esto de una vez”, declaró a la CNN un funcionario de la administración directamente implicado en las conversaciones.

Aun así, pronto quedó claro que el deseo de Trump y su equipo de concluir la guerra rápidamente se enfrentaría a obstáculos. Negociar con los iraníes resultó ser un proceso lento y arduo, marcado por largas demoras en la obtención de una respuesta del líder supremo, Mojtaba Jamenei, quien, según funcionarios estadounidenses, utiliza mensajeros para ocultar su ubicación.

Los funcionarios estadounidenses aguardaban una respuesta a su última propuesta cuando, el 8 de junio, un helicóptero Apache estadounidense colisionó con un dron iraní; el incidente dio lugar a un dramático rescate acuático de los pilotos estadounidenses y desencadenó una nueva oleada de ataques de represalia. En el transcurso de varios días, Trump se enfureció, convencido de que ni Teherán ni los medios de comunicación estaban tomando lo suficientemente en serio su respuesta al incidente. Estalló en cólera en la Casa Blanca mientras ordenaba rondas diarias de bombardeos.

Al mismo tiempo, una delegación de funcionarios cataríes se encontraba en Teherán intentando conseguir de los iraníes una contraoferta que Trump pudiera aprobar. Mientras Trump amenazaba con otra noche de ataques, llegó la noticia de parte de los qataríes de que algunas de las diferencias entre las posturas negociadoras de ambas partes se habían reducido.

Trump canceló los ataques y comenzó el fin de semana de su cumpleaños convencido de que un acuerdo estaba más cerca que nunca.

El presidente Donald Trump, durante el evento UFC Freedom 250° en la Casa Blanca el 14 de junio.

Resultó que se avecinaba otro obstáculo. Un ataque israelí letal en un suburbio de Beirut el domingo —día en que Trump cumplía 80 años— desencadenó una nueva carrera contrarreloj para salvar un acuerdo que Trump creía casi cerrado. Israel respondía a ataques de Hezbollah, pero Trump y sus asesores interpretaron la acción como un intento del primer ministro Benjamin Netanyahu de obstaculizar el acuerdo.

En una llamada telefónica cargada de improperios, Trump arremetió duramente contra Netanyahu. Mientras tanto, sus asesores trabajaban para evitar una represalia iraní que parecía inminente. En Teherán, los negociadores qataríes mantuvieron conversaciones maratonianas para tratar de salvar el acuerdo, informando frecuentemente a Witkoff, Kushner y otros funcionarios estadounidenses sobre sus avances.

Tras 17 horas de discusiones, los iraníes desactivaron los misiles balísticos que habían sido colocados en lanzadores para ser disparados contra Israel. Las exigencias de modificar el texto del acuerdo fueron rechazadas por los qataríes, quienes advirtieron que la paciencia de Trump se estaba agotando.

Sin embargo, Teherán mantuvo una exigencia: Irán se negó a que el acuerdo se anunciara el día del cumpleaños de Trump.

Ante el temor de nuevos retrasos, los mediadores idearon una solución creativa. El acuerdo se anunciaría justo después de la medianoche en Teherán —siete horas y media por delante de Washington—, momento en el que Trump se preparaba para una pelea en jaula con motivo de su cumpleaños en el Jardín Sur de la Casa Blanca.

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