En apenas 72 horas ocurrieron tres hechos inéditos que muestran cómo la inteligencia artificial y los sistemas autónomos ya comenzaron a transformar la guerra en el mar. Estados Unidos realizó por primera vez un ataque con un dron naval propio, Ucrania ejecutó el primer desembarco anfibio completamente robótico del que se tenga registro y una empresa estadounidense presentó una nueva generación de aeronaves híbridas capaces de patrullar grandes extensiones marítimas con menor costo y sin tripulación.
Durante Infobae al Regreso, el analista internacional Andrei Serbin Pont repasó estos tres episodios y sostuvo que, aunque ocurrieron en contextos diferentes, responden a una misma tendencia: la incorporación creciente de vehículos no tripulados en misiones que hasta hace pocos años dependían exclusivamente de soldados y tripulaciones humanas.
El primer caso tuvo como protagonista a la Task Force 59, la unidad de la Armada estadounidense especializada en sistemas no tripulados. Según explicó Serbin Pont, esa fuerza ejecutó el primer ataque conocido de Estados Unidos utilizando una embarcación autónoma, una capacidad que hasta ahora había estado orientada principalmente a tareas de vigilancia, reconocimiento y apoyo logístico.

“No es un dron suicida ucraniano como los que vimos operar en el mar Negro, sino un dron marítimo norteamericano que fue utilizado específicamente para destruir instalaciones”, explicó el especialista. Aunque definió al vehículo como “una lancha bomba”, aclaró que se trata de una plataforma multipropósito que, para esta misión, fue configurada para realizar un ataque de un solo uso, similar al concepto de un sistema kamikaze.
El analista recordó que semanas antes esa misma embarcación había protagonizado otro hecho inédito al rescatar a la tripulación de un helicóptero Apache derribado cerca del estrecho de Ormuz sin exponer a otros militares. La posibilidad de emplear un mismo vehículo para misiones de rescate, patrullaje o ataque, explicó, evidencia el salto tecnológico que están alcanzando este tipo de plataformas.
Más allá de su capacidad ofensiva, Serbin Pont advirtió que estos desarrollos también plantean nuevos desafíos para la defensa costera. A medida que los drones navales adoptan dimensiones similares a las de una embarcación recreativa o pesquera, distinguir una amenaza de una lancha civil se vuelve cada vez más complejo. “¿Qué vas a hacer? ¿Monitorear cada embarcación de pequeño porte que aparece cerca de la costa?”, planteó al describir uno de los dilemas que enfrentarán las armadas en los próximos años.

Durante el intercambio, Gonzalo Aziz destacó otra consecuencia de esta evolución tecnológica: la reducción del riesgo para los combatientes. “Si la guerra es inevitable y tenés que elegir entre mandar cinco personas o enviar una lancha sin tripulación, incluso dentro del horror de una guerra, hay una reducción enorme del costo humano”, señaló el conductor, una reflexión que atravesó buena parte del debate.
El segundo episodio ocurrió en el frente de guerra entre Ucrania y Rusia. Allí, la 123.ª Brigada de Defensa Territorial ucraniana llevó adelante una operación que Serbin Pont definió como el primer desembarco anfibio completamente robótico del que exista registro.
La maniobra consistió en utilizar un dron marítimo para transportar hasta la costa un vehículo terrestre armado con una ametralladora. Una vez en tierra, el robot comenzó a operar en una zona controlada por fuerzas rusas con tareas de hostigamiento y reconocimiento, sin que ningún soldado participara directamente del desembarco.

Para el especialista, el valor de la operación no estuvo tanto en su impacto táctico como en el concepto que puso a prueba. “Lo novedoso no es que un robot combata, sino que un robot haya desembarcado a otro robot para iniciar una operación anfibia”, explicó. Si bien aclaró que la acción no modificó el desarrollo de la guerra, consideró que constituye un antecedente relevante porque demuestra que ya es posible ejecutar este tipo de maniobras mediante sistemas completamente no tripulados.
Serbin Pont también señaló que la innovación militar avanza hoy a una velocidad inédita. Las tecnologías desarrolladas por un país son rápidamente observadas, adaptadas e incorporadas por otros actores, lo que acelera la evolución de los sistemas de combate. En ese sentido, sostuvo que muchas de las soluciones que Ucrania comenzó a implementar en el mar Negro ya están siendo analizadas por distintas fuerzas armadas alrededor del mundo.
El tercer desarrollo analizado estuvo vinculado a los vehículos híbridos diseñados por la empresa estadounidense Squire, una plataforma que combina características propias de un barco y de un avión para desplazarse a muy baja altura sobre la superficie del agua aprovechando el denominado “efecto suelo”, un principio aerodinámico conocido desde la Guerra Fría que hoy vuelve a cobrar protagonismo gracias a la automatización y la inteligencia artificial.
Según explicó Serbin Pont, estas aeronaves pueden cumplir misiones de vigilancia marítima, patrullaje, búsqueda y rescate o transporte ligero con costos significativamente menores que los de un helicóptero o un avión convencional.

“Permiten tener una plataforma relativamente barata, fácil de desplegar y que puede realizar muchas tareas para las que hoy seguimos dependiendo de helicópteros o aviones mucho más caros y que, además, requieren tripulación”, sostuvo el especialista al describir las ventajas operativas del sistema.
Aziz agregó que este tipo de soluciones también podría resultar especialmente útil para controlar el tráfico marítimo en zonas sensibles, como el Pacífico o el Caribe, donde Estados Unidos concentra parte de sus esfuerzos para combatir el narcotráfico. En ese contexto, Serbin Pont estimó que el costo de estas plataformas rondaría el millón de dólares, una cifra que consideró baja para los estándares del presupuesto militar estadounidense y competitiva frente a otras alternativas actualmente en desarrollo.
Para Serbin Pont, los tres episodios no deben interpretarse como hechos aislados, sino como manifestaciones de una transformación más profunda. La automatización ya no se limita a asistir a las fuerzas armadas, sino que comienza a reemplazar a las personas en tareas de reconocimiento, rescate, patrullaje e incluso combate, modificando la forma en que los Estados planifican y ejecutan sus operaciones militares.

En ese marco, el analista sostuvo que las democracias tienden a invertir cada vez más en tecnologías que reduzcan las bajas propias y resumió esa lógica con una definición: “En las democracias las vidas son más caras que en las no democracias”. A su juicio, esa realidad explica buena parte del impulso que hoy reciben la inteligencia artificial, la robótica y los vehículos no tripulados en los principales programas de defensa.
Más allá de los escenarios donde ocurrieron, el primer ataque estadounidense con un dron naval, el desembarco íntegramente robótico de Ucrania y la aparición de nuevas plataformas híbridas para operaciones marítimas muestran un mismo fenómeno: las máquinas ya no solo complementan a los soldados, sino que comienzan a ocupar su lugar en algunas de las misiones más complejas. Para los especialistas, esa transición ya está en marcha y promete redefinir las guerras de las próximas décadas.
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