El Ejército de Israel anunció este jueves haber alcanzado el “control operativo” de la cresta de Ali Taher, una elevación del distrito de Nabatiyé, en el sur de Líbano, tras semanas de combates contra el grupo terrorista chií Hezbollah. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) afirmaron que sus tropas completaron la limpieza de dos trazados subterráneos utilizados por la organización y que parte de los combatientes hallados en el lugar fueron abatidos, mientras que otros huyeron de la zona.
Según el comunicado militar, difundido por la prensa israelí, las fuerzas de la 36ª División lograron el dominio de la cresta tanto por encima como por debajo de la superficie, tras despejar los túneles usados por operativos de Hezbollah. El Ejército precisó que las tareas para neutralizar por completo la infraestructura continúan y que, una vez concluidas, reorganizará su despliegue defensivo en la zona.
Las tropas hallaron en el subsuelo de la cresta centros de mando, depósitos de armamento, salas de generadores, dormitorios, duchas y una cocina, instalaciones que, según el relato militar, permitían a los combatientes de Hezbollah permanecer largos periodos bajo tierra y lanzar ataques desde allí. Israel sostiene que la red fue una infraestructura estratégica construida a lo largo de dos décadas, financiada y diseñada por Irán.

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FUERZAS ARMADAS DE ISRAEL
Ali Taher no es un episodio aislado, sino el punto culminante de una batalla que se prolonga desde hace meses. La cresta se convirtió en un foco de la escalada entre Hezbollah e Israel en junio de 2026, cuando el Ejército israelí lanzó una ofensiva terrestre contra las posiciones de la milicia atrincheradas en el lugar. Situada a 600 metros de altitud, la elevación conecta zonas fronterizas del sur libanés con la región montañosa de Iqlim al Tufah, un enclave que durante años sirvió de base logística a Hezbollah, según fuentes de seguridad libanesas citadas por Reuters.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, celebró el avance con un mensaje difundido por su oficina: “Hoy ya podemos decirlo: eliminamos a un gran número de terroristas allí”. La ofensiva no ha estado exenta de bajas para el Ejército israelí: según un análisis del instituto Alma, especializado en seguridad del norte de Israel, al menos cinco soldados murieron y 18 resultaron heridos en ataques con drones explosivos y enfrentamientos con combatientes de Hezbollah durante la campaña por el control de la cresta.
La toma de la cresta se produce en un contexto de tensión regional creciente. Horas antes del anuncio militar, Irán advirtió a Estados Unidos de que respondería “con contundencia” a la ofensiva israelí sobre la zona, donde, según fuentes citadas por medios israelíes, también habrían permanecido asesores militares iraníes junto a los combatientes de Hezbollah.
El episodio se produce cinco meses después de que estallara la actual guerra entre Israel y Hezbollah, el 2 de marzo de 2026, tras el colapso del anterior acuerdo de cese de hostilidades vigente desde noviembre de 2024. El 26 de junio, Israel y Líbano firmaron en Washington, con la mediación del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, un acuerdo marco que sienta las bases para una futura restauración de la soberanía libanesa en el sur del país a cambio del desarme de Hezbollah.
Sin embargo, ese pacto no equivale a un alto el fuego en vigor: Hezbollah no formó parte de la firma y su líder lo calificó de “nulo”, y los combates entre ambas partes no solo no cesaron tras la rúbrica de junio, sino que se intensificaron en los meses posteriores, como constata la propia batalla por Ali Taher.
