Es notable e impresionante la cantidad de muy buenos beisbolistas que de antiguo surgen aquí en Venezuela, como Luis Aparicio, probablemente el mejor shortstop de la historia. Concluida casi la serie final en EEUU, que llaman allá “mundial” pese a que no compite sino ese solo país únicamente con equipos estadounidenses, aquello (profusión de formidables peloteros venezolanos) quedó demostrado porque el equipo campeón de la Liga Nacional estadounidense y casi seguro de todo EEUU en 2026, Cerveceros de Milwaukee, tiene cuatro venezolanos en su roster y alinea dos fijos que son peloteros magníficos y además sensacionales: Jackson Chourio y William Contreras.
A Chourio ya los entendidos, narradores y comentaristas lo llaman “superestrella”, lo cual justifica el de Venezuela con grandes hazañas que menudean. Pruebas al canto: Chourio es –desde el pasado lunes 26 de octubre de 2026– el jugador menor de veintitrés años que disparó cuatro hits en un juego de la Serie “Mundial” desde 1946 u ochenta años casi, desde que Joe Garagiola lo hiciera a los veinte años en la Serie “Mundial” de 1946. (Entrecomillé “Mundial” porque no puede ser mundial –o relativo a todo el mundo– un campeonato entre equipos de un solo país). Así que Chourio es el segundo jugador más joven de la historia con un juego de cuatro hits y una base robada en esa Serie “Mundial” y sólo es superado por el mejor bateador de todos los tiempos: Ty Cobb, quien impuso tal récord centenario en 1908 cuando frisaba los veintidós años, alineaba con los Tigres del Detroit y se disputó el tercer juego que ganó el equipo Chicago Cubs pese a que Cobb bateó para un astronómico average de 368.
Valga esta especie de digresión: el legendario Ty Cobb, fiero competidor, era muy agresivo y hasta el delito: afilaba más las puntas de los ganchos (o “spikes” de por sí agudos) a la vista de los contrarios para asustarlos o al menos impresionarlos. Con frecuencia los corredores se deslizan (se “barren” en el argot) con violencia contra el jugador que está sobre –rara vez porque se quita o aparta– la base (más frecuente la segunda) lo cual es una grave falta al de suyo inaplicado reglamento e incluso es un delito de lesiones si las hubo…
Por si fuera poco, Chourio estableció otros récords: 1) ocho hits para abrir juegos en “Playoffs” o series finales o semifinales; 2) Nueve juegos con varios hits en “Playoffs”; 3) Primer jugador más joven en la historia en lograr ocho hits en los primeros tres juegos de la Serie “Mundial”: dos en el primer juego, dos en el segundo y cuatro en el tercero; 4) Esos ocho hits son la mayor cantidad de hits en los primeros tres juegos a los veintidós años o menos (superó a Ty Cobb, quien dio siete en igualdad de circunstancias); 5) Jugador con más de veinte carreras empujadas en los “Playoffs”; 6) Único en remolcar veinte carreras en “Playoffs” antes de cumplir 23 años; 7) Único en la historia de los “Playoffs” en conectar seis jonrones en los tres primeros juegos…
(El doctor Jesús Eduardo Cabrera Romero, sabio en Derecho, lo es también en béisbol: en 2023, cuando Chourio era un novato desconocido, me dijo: “Fíjate en un muchacho Chourio, que está de shortstop. Va a ser un fenómeno”).
En derredor del gran catcher Contreras la admiración es inmensa por su estupenda defensiva y espectaculares tiros a las bases, así como por su trepidante bateo. Sólo nombro a estos dos beisbolistas porque ahora fulguran en la serie final; pero pudiera nombrar a muchos más (valga como ejemplo el formidable bateador Arráez, con méritos inmensos también, y sus –en justicia– casi cuatro títulos seguidos de bateo aunque al más reciente le faltó ¡¡un punto!!
Empero, la finalidad de esta columna no es apologizarlos al completo e in extenso sino referirme al cultivo de ese deporte para la más y mejor promoción de peloteros muy bien formados desde niños. Me valdré de la comparación (método científico) y nada menos que con la República Dominicana que es el máximo exponente numérico del béisbol caribeño y mejicano y el segundo después de EEUU. También ha producido numerosos y grandes astros beisbolísticos, como Cuba, Puerto Rico y Venezuela.
¿Por qué con la República Dominicana? Porque ha mucho hicieron para el desarrollo de sus beisbolistas una planificación extraordinaria: allá hay bastantes y excelentes escuelas de béisbol. Abstracción hecha de EEUU –la meca del béisbol– ese tan noble cuan hermoso país aporta la mayor suma de beisbolistas y de grandiosas estrellas del deporte en mención, gracias a la gran calidad de los dominicanos en este deporte y a su excelente infraestructura donde, por si fuere poco, todas las organizaciones de Grandes Ligas mantienen sus propias academias con mucha calidad beisbolística e incluso, como es harto sabido, bien alta tecnología.
Impresiona el saber que todos los treinta equipos de Grandes Ligas tienen campamentos de primerísima categoría en la República Dominicana, con máxima dotación de toda índole. Huelga el señalar que allá los múltiples campos de juego tienen las medidas profesionales de Grandes Ligas, aunque valga la acotación de que en EEUU varían y hasta mucho esas medidas, lo cual es incomprensible porque propicia rendimientos disímiles porque baste recordar que hay muy distintos campos y unos más grandes que otros, con paredes terminales que difieren de modo significativo en el grosor y altura. El estadio de Boston es en extremo corto por uno de sus lados y ello, como es lógico, facilita los jonrones y torna equívocos los récords. Y hasta en el estadio Tropicana Field de San Petersburgo, en la bahía de Tampa, donde hoy se compite por el campeonato de las Grandes Ligas, no hay pasto natural sino sintético (Shaw Sports Turf) que se instaló ¡sobre concreto! y ello siempre ha generado mucho cuestionamiento por constituir una base extremadamente rígida, que además propicia lesiones y rebotes muy altos e inusuales de la pelota. Para colmo el techo es blanco y mucho se dificulta el capturar los batazos elevados…
Son desconcertantes –para algunos al menos– estas diferencias que causan desorden y récords (de los cuales son devotos los estadounidenses) muy influidos –éstos récords y aquel evidente desorden– por favorecer a unos y perjudicar a otros, en holocausto de la auténtica legitimidad de algunos récords que por lo tanto son discutibles o al menos inconvincentes.
Tamaño relajo no se ve en los demás deportes, cuyos terrenos o canchas sí son exactamente de las mismas medidas y lo cual es constatado religiosamente. Nota curiosa en ese barullo o falta de seriedad en definitiva (con excepción hecha de latinos y japoneses) es el curioso panorama beisbolístico en que cuando dan hits o mucho más aún jonrones, todos se menean o hacen contorsiones nunca vistas antes o en décadas pretéritas y ensayan payasadas de toda índole, mientras mascan chicle y hasta lo exhiben fuera de la boca mientras sueltan continuos escupitajos en desagradable y hasta repulsiva visión…
Es oportuno un paréntesis para hacer una comparación con el fútbol, cuyos jugadores mantienen la seriedad y compostura (con excepción de la delictuosa tunda de palos que dan a los contricantes) aunque son vistos y admirados a todo lo largo y ancho del planeta porque, como se sabe, es y no sólo en el deporte sino en general, la actividad o función o el acontecimiento más visto universalmente y muy en concreto la final del Campeonato Mundial de Fútbol.
Entroncando con el tema central, en la República Dominicana, insisto, hay un desarrollo enorme del béisbol y un formidable sistema organizativo que principia con los niños aficionados a ese deporte, que reciben una educación integral: bachillerato e idioma inglés además y datos sobre la cultura en EEUU para su probable futuro promisor y sobre la base de las inmensas facultades de los dominicanos para jugar béisbol, que les permite practicar desde los doce años y probablemente firmar con equipos ligamayoristas a partir de los dieciséis años: unos cien dominicanos son jugadores regulares (del roster o nómina) de estos equipos, en muchos de los cuales se han encumbrado grandísimas estrellas dominicanas como Albert Pujol y Pedro Martínez y me quedo muy corto…
¿Por qué en Venezuela no se hace lo mismo? Está claro que de la noche a la mañana no se puede hacer una magnífica estructura beisbolística como la que opera hace muchos años en la República Dominicana; pero para llegar lejos hay que dar el primer paso y todo ello contribuiría en grado sumo al mejor desarrollo de jóvenes venezolanos, cuya alta capacidad para el béisbol está demostrada de sobra y potísima prueba al respecto es la constelación habida –antes y ahora– en el firmamento beisbolístico: ¿a dónde ascendería la cantidad de excelentes jugadores venezolanos si hubiera una base multifactorial para alcanzar esa finalidad?
Los beisbolistas venezolanos son de primera categoría pero inadecuada la infraestructura que los debería preparar de manera cónsona y eventualmente los catapultaría al éxito en mayor número. Sin duda habría muchos más prospectos y grandes ligas venezolanos en caso de que hubiera una estructura si no igual –es muy difícil lograr al pronto resultados prodigiosos que exigen muchos esfuerzos, total constancia y muchísimo tiempo– al menos similar en algunos aspectos a los hechos por los muy competentes dominicanos.
Reitero que los beisbolistas venezolanos han sido sensacionales en el pasado y lo son y serán en el futuro. Próvido ejemplo el de Ronald Acuña (hizo pasantía por la República Dominicana) quien según los entendidos está hoy entre los mejores y más electrizantes jugadores de las Grandes Ligas.
