miércoles, octubre 28, 2026

"La IA no va a meterse debajo de las casas para instalar tuberías”: en EEUU y Francia los oficios manuales están al alza

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En las últimas décadas, el mensaje para millones de jóvenes fue el mismo: estudiar una carrera universitaria era la mejor forma de asegurarse un buen futuro laboral. La irrupción de la inteligencia artificial está empezando a cuestionar esa promesa. En Estados Unidos crecen las matriculaciones en formación técnica y en Francia aparecen profesionales universitarios que abandonan sus oficinas para trabajar con las manos. Hay una razón que resume bien un estudiante de fontanería de Los Ángeles: la IA puede hacer muchas cosas, pero todavía no puede meterse debajo de una casa para instalar tuberías. 

La generación del cinturón de herramientas. El Wall Street Journal explicaba que en Estados Unidos ya tiene nombre: toolbelt generation, la generación del cinturón de herramientas. Son jóvenes que apuestan por aprender fontanería, electricidad, carpintería o mecánica como alternativa a la universidad. Según el National Student Clearinghouse, las matriculaciones en programas relacionados con la construcción y la mecánica aumentaron un 30% entre 2022 y 2024, hasta alcanzar cifras récord. 

De hecho, en el Los Angeles Trade-Technical College (LATTC), prácticamente todos los programas técnicos de dos años tienen largas listas de espera. El atractivo combina formación asequible, oportunidades laborales y una menor exposición a la automatización mediante IA.

La IA no sabe instalar tuberías. Victor Velasco, de 26 años, contaba al diario Le Monde que estudia fontanería en Los Ángeles porque busca estabilidad profesional. Conoce a un universitario graduado en Humanidades que no encuentra empleo relacionado con sus estudios y ha terminado trabajando en Chipotle. Él, en cambio, aprende un oficio con demanda y aspira a montar su propia empresa. 

Cerca de allí, Brandon, también de 26 años, construye estructuras de madera después de abandonar Geología por sus inciertas salidas laborales. Ambos han descubierto una ventaja difícil de replicar con inteligencia artificial: reparar instalaciones, manipular materiales y resolver problemas físicos en entornos reales exige habilidades que todavía resultan complicadas de automatizar.

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En Francia están abandonando las oficinas. El fenómeno francés presenta una diferencia interesante: muchos jóvenes llegan a los oficios después de estudiar una carrera y trabajar durante años frente a un ordenador. Apolline Jude, de 24 años, dejó atrás Derecho y Comunicación para convertirse en pastelera cerca de París. 

Durante unas prácticas en un despacho de abogados le pidieron redactar artículos utilizando ChatGPT, una experiencia que terminó alejándola de aquella profesión. Ahora cobra unos 1.689 euros netos mensuales por 39 horas semanales, menos de lo que esperaba ganar como abogada. A cambio, asegura haber recuperado la satisfacción de crear algo tangible y disfrutar de su trabajo.

Cuando la IA empieza a vaciar de sentido una profesión. Hermine, de 33 años, explicaba al medio francés que abandonó el diseño gráfico y la comunicación para formarse como mosaísta después de comprobar cómo los algoritmos transformaban su sector. Aina, de 34, pasó una década en el comercio electrónico y llegó a dirigir una unidad de IA antes de crear un taller artesanal en Madagascar que emplea a cinco mujeres. 

Jonas, de 29 años, dejó una agencia donde la inteligencia artificial redactaba resúmenes, preparaba presentaciones y aceleraba una carga laboral que llegó al 180% de una jornada. Ahora es profesor y gana 1.800 euros netos mensuales frente a los casi 3.000 anteriores. Qué duda cabe, los tres representan una reacción que va más allá del miedo al desempleo, en la práctica son jóvenes que quieren recuperar el sentido de lo que hacen.

La universidad está perdiendo parte de su atractivo. En Estados Unidos, las matriculaciones universitarias de primer año registraron un ligero descenso en 2025, mientras las instituciones privadas más caras pueden costar unos 40.000 dólares anuales. A ello se suma que aproximadamente el 35% de los estudiantes abandona antes de graduarse, según las cifras citadas en un reportaje de Le Monde. 

Aunque un título universitario sigue ofreciendo ventajas económicas a lo largo de la vida laboral, la inversión resulta menos atractiva para quienes temen endeudarse sin encontrar después un empleo cualificado. En el LATTC, los carpinteros pueden empezar ganando unos 45.000 dólares anuales. Sus profesores observan un cambio generacional, ya que donde antes predominaban los trabajadores de treinta o cuarenta años que buscaban reconvertirse, ahora muchos llegan directamente del instituto.

Hasta las grandes tecnológicas necesitan trabajadores manuales. En TikTok e Instagram, la etiqueta TradesVsCollege reúne vídeos de jóvenes que muestran cuánto ganan como electricistas, fontaneros o carpinteros y comparan sus ingresos con el coste de la universidad. La reivindicación de estos oficios también ha entrado en el debate político estadounidense, especialmente entre sectores conservadores críticos con las universidades. 

Hay, si se quiere, una paradoja adicional: en junio de 2026, Meta anunció una inversión de 115 millones de dólares para crear America’s Workforce Academy, destinada a formar trabajadores especializados para construir centros de datos. Resulta que la expansión de la propia inteligencia artificial necesita electricistas, técnicos y profesionales de la construcción capaces de levantar y mantener sus infraestructuras.

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Un cambio de mentalidad. Una encuesta de LinkedIn y Censuswide publicada en diciembre de 2025 encontró que cerca del 63% de los jóvenes de entre 18 y 28 años prefería una profesión práctica frente a un empleo de oficina, comparado con el 52% del conjunto de encuestados. 

Además, el 65% consideraba que los trabajos técnicos y manuales aportaban mayor sentido personal, mientras más del 67% rechazaba pasar su vida laboral frente a una pantalla respondiendo correos electrónicos. La socióloga francesa Anne Jourdain advierte de que estas reconversiones todavía son minoritarias. La IA está acelerando una insatisfacción que ya existía entre las expectativas de los jóvenes y la realidad de muchos empleos.

El futuro puede estar donde menos se esperaba. Los oficios manuales también presentan inconvenientes: esfuerzo físico, posibles lesiones, horarios exigentes y condiciones laborales que no siempre resultan atractivas. Además, tampoco son inmunes a la automatización, ni todas las profesiones universitarias están igualmente amenazadas. Aun así, Francia y Estados Unidos parecen mostrar cómo empieza a cambiar una jerarquía profesional construida durante décadas. 

Muchas familias asociaron el progreso con abandonar el trabajo físico y acceder a una oficina. Ahora, mientras las máquinas aprenden a escribir, programar y generar imágenes, algunos jóvenes están descubriendo que una de las habilidades más valiosas del futuro puede ser algo tan antiguo como saber construir una casa, un mueble o reparar una tubería.

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