jueves, junio 4, 2026

Economía creativa en República Dominicana: una oportunidad pendiente

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Durante décadas, la cultura ha ocupado un espacio ambiguo en las políticas públicas de América Latina. Se le reconoce su valor simbólico, educativo e identitario, pero pocas veces se le incorpora a las estrategias nacionales con el mismo rigor que sectores como el turismo, la industria o la tecnología.

Para el gestor cultural Luis Antonio Tejeda, esa visión ha limitado el potencial de una actividad capaz de generar empleos, atraer inversión, impulsar exportaciones y fortalecer la presencia internacional.

Su planteamiento parte de una premisa sencilla: lo que no se mide difícilmente puede convertirse en prioridad. Por eso, considera que República Dominicana debe comenzar a evaluar las industrias culturales y creativas con indicadores de desempeño que permitan determinar cuánto aportan al crecimiento económico, cuántos empleos generan, cuánto turismo movilizan y cuál es su impacto en la cohesión social y la proyección del país.

Según datos de la Unesco, las industrias culturales y creativas generan más del 3.1% del producto interno bruto (PIB) mundial y alrededor de 50 millones de empleos directos. En la Unión Europea, el sector representa aproximadamente el 4.4% del PIB.

A juicio del especialista, esos resultados responden a una decisión estratégica: dejar de concebir la cultura como un gasto y asumirla como una inversión.

“El mayor error es tratar la cultura como gasto decorativo y no como inversión estratégica de Estado”, sostiene.

Desde esa perspectiva, plantea la necesidad de construir una política nacional de economía creativa conectada con educación, turismo, tecnología, diplomacia e inversión. El objetivo sería pasar de una agenda basada en eventos culturales a un modelo orientado a la creación de industrias sostenibles, capaces de generar valor agregado y competir en mercados internacionales.

Uno de los componentes centrales de esa visión es el talento. Para Tejeda, República Dominicana enfrenta una contradicción: forma profesionales de alto potencial, pero no siempre cuenta con las condiciones necesarias para aprovechar plenamente sus capacidades.

Propuesta

Tejeda propone crear el Fideicomiso Nacional para el Talento de Exportación y Retorno Obligatorio (Fide Talento RD), concebido como una alianza público-privada para financiar estudios de alta especialización y garantizar que el conocimiento adquirido contribuya al desarrollo nacional.

La iniciativa busca responder a una realidad que tiene consecuencias económicas significativas. Explica que la emigración de profesionales especializados no solo implica la salida de personas capacitadas, sino también la pérdida de productividad, innovación y capacidad de transformación económica.

De acuerdo con las estimaciones que presenta, el costo de oportunidad asociado a la migración de talento podría situarse entre US$700 millones y US$900 millones anuales, equivalente a entre 0.5% y 0.8% del PIB dominicano.

Más allá de la cifra, entiende que el desafío es construir una economía capaz de absorber ese conocimiento. Por ello propone la creación de “hubs” creativos y tecnológicos regionales, fondos de inversión para emprendimientos culturales y programas de inserción laboral para profesionales especializados.

La apuesta también incluye sectores que tradicionalmente han tenido una presencia limitada en la conversación económica nacional, como la gestión cultural avanzada, la producción artística, la animación digital, los videojuegos y otras industrias vinculadas a la economía creativa.

Para Tejeda, el potencial de estos sectores no puede desarrollarse únicamente sobre la base del talento individual. Requiere financiamiento, infraestructura, estabilidad y un marco regulatorio que incentive la inversión privada.

Esa visión conecta con otro de los ejes de su propuesta: la diplomacia cultural. A su entender, la cultura no solo fortalece la identidad de una nación, sino que también funciona como un instrumento de influencia económica.

Los casos de Corea del Sur, Colombia y México ilustran, según explica, cómo la proyección internacional de expresiones culturales puede traducirse en mayores flujos de turismo, apertura de mercados, atracción de inversión y fortalecimiento de la marca país.

República Dominicana, considera, posee activos culturales con reconocimiento global, como el merengue, la bachata, el béisbol y una creciente producción creativa vinculada a la música y el entretenimiento. Sin embargo, entiende que todavía no existe una estrategia integral que convierta ese capital simbólico en una herramienta sistemática de captación de inversión.

Por ello plantea que las embajadas dominicanas asuman un rol más activo en la promoción de industrias creativas.

El marco legal constituye otro de los puntos que, a su juicio, requiere actualización. Propone revisar los esquemas de mecenazgo e incorporar incentivos fiscales orientados a actividades como cine, música, diseño, animación digital y otros.

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